|
Tu hijo ya no es una misteriosa serie de pataditas y antojos, es una personita de piel suave, tranquilos arrullos y ojos grandes que miran con asombro todo lo que le rodea. También son gritos estridentes, noches en vela y un estómago siempre por llenar. Vas aprendiendo qué es lo que requiere y cómo lo pide.
Esta personita aprende a depender de ti para que se lo des. Tu bebé y su nueva familia están empezando a conocerse y a formar los lazos que durarán toda la vida.
|